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El poeta y novelista salvadoreño Manlio Argueta afirma en su poema Las Mujeres: “Luchan por lo que ellas creen. Se enfrentan ante la injusticia. Ellas votan por quien creen que hará lo que más beneficie a las familias. Las mujeres hablan y recorren largos caminos para conseguir la mejor escuela para sus niños y la mejor atención para la salud de su familia”.

Nada más parecido a esa descripción que la vida, trayectoria y labor de Margarita Villalta de Sánchez, compañera y esposa de Salvador Sánchez Cerén, presidente de El Salvador, una mujer sencilla y valiente que acogió la vida con total entrega a las causas de justicia y paz en beneficio de su pueblo.

Su biografía reseña que desde 1968 cuando se unió a Sánchez Cerén se ha mantenido a su lado en su rol de compañera, madre y en importantes tareas políticas en el transitar de ambos por la historia política contemporánea del país.

Y así lo ha cumplido en correspondencia con su formación revolucionaria y compromiso con la construcción de una sociedad democrática, respetuosa de los derechos y libertades, la inclusión y las oportunidades de desarrollo para las familias salvadoreñas, en especial las generaciones más jóvenes.

Por eso desde 2009 de manera ad honorem, Margarita conformó y asumió la conducción de la Comisión de Acción Social de la vicepresidencia de la República, un espacio de vínculo directo con diferentes sectores y comunidades del país, para apoyar y acompañar diferentes iniciativas dirigidas a los adultos mayores, la mujer y la niñez.

Tales acciones incluyeron también proyectos micro-productivos, el programa Construyendo Sueños de becas estudiantiles a jóvenes de escasos recursos y respaldo a familiares de desaparecidos durante el conflicto armado que terminó con los Acuerdos de Paz de 1992.

Desde esa responsabilidad, Doña Margarita, emprendió los Festivales de Salud y Convivencia Familiar, un exitoso modelo que impulsó la salud preventiva de las comunidades y la convivencia social a través del voluntariado, la participación de la comunidad y de empresas privadas de manera articulada con las instituciones del Estado y no gubernamentales en cada territorio.

Con su amor y empeño inherentes a su personalidad, como Primera Dama de la República, a partir del 1 de junio de 2014 da riendas sueltas a sus ideales de dignificación y plena felicidad para los salvadores, plasmados en los Festival del Buen Vivir y el Programa Gobernando con la Gente.

Su impronta desde entonces está marcada con una visión más amplia al brindarle a la población no solo atención médica de calidad, sino también confianza, solidaridad y una nueva visión de convivencia, mediante la oferta de oportunidades, relaciones e identidades entre los habitantes, así como el desarrollo social inclusivo y la articulación de los esfuerzos del gobierno y la sociedad para mejorar la vida de las poblaciones más vulnerables.

Inspirado en ese ser humano único, Manlio Argueta agregaba en sus versos: “¡El corazón de una mujer es lo que hace girar al mundo! Las mujeres hacen más que solo dar la vida.
Ellas traen alegría y esperanza. Comparten ideales y reparten compasión. Dan apoyo moral a su familia y amigos. Todo lo que ellas quieren es un abrazo, una sonrisa para que vos puedas hacer lo mismo con otras personas”.

Y precisamente a esos empeños ha dedicado su vida y acción Doña Margarita porque su amor y cariño por los niños y niñas es natural, y no solo una agenda de trabajo desde su condición de Primera Dama, sentimientos plasmados en iniciativas como el Coro Presidencial, las Colmenitas Salvadoreñas y las Becas para el Buen Vivir, entre otros de sus proyectos, además de su labor dentro de la junta directiva del Instituto Salvadoreño para el Desarrollo Integral de la Niñez y la Adolescencia (ISNA).

“Digamos que me he doctorado en la vida y para la vida”, decía en una amplia conversación con su hija Claudia Sánchez Villalta, recogida en el libro Corazón de Pueblo, cualidades que le han permitido impregnarle pasión al arte y la cultura para y por los niños, sin dejar de mencionar programas sociales como uniformes, zapatos, útiles escolares y alimentación que han mejorado las condiciones de vida de este sector.

Su propia hija la describe como el prototipo de la mujer salvadoreña, trabajadora, pilar de su familia, natural, espontánea, sincera, afable, valiente “…Es desde su raíz popular que ella fue desarrollando una conciencia social que la llevó al compromiso, primero sindical y luego político. Lo hizo no desde el mundo de la ideología sino desde la constatación de los hechos, de la represión, de la opresión, que vivió muy de cerca. Ella se incorporó desde muy temprano a esa larga marcha de una multitud de salvadoreños y salvadoreñas en pos de la libertad”.

Eso es lo que ha hecho la Primera Dama en los 56 Festivales del Buen Vivir y Programas Gobernando con la Gente, junto a su esposo el presidente Sánchez Cerén, estar al lado de su pueblo, escuchando sus demandas y reclamos por una mejor calidad de vida y batallando por su solución a pesar de los obstáculos, críticas y mentiras de la oposición.

“Todavía hay deudas pendientes con algunos sectores y personas afectadas y luchas sociales, justas y reivindicativas, que continúan y debemos apoyar”, afirmó en ocasión de los 25 años de la firma de los Acuerdos de Paz.

En su opinión, es necesario que las presentes y futuras generaciones conozcan las causas y orígenes que derivaron en un conflicto social que duró 12 años, además de la urgencia de practicar una cultura de paz.

“Un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla. Los adultos que vivimos la guerra debemos explicar a la niñez y juventud las causas de esta guerra, explicar los orígenes, cómo y porqué surgió este conflicto, es una responsabilidad que no solo le corresponde al gobierno”, insistió.

En cada uno de sus actos, palabras de aliento, orientación, convocatoria y demanda justa están presentes sus virtudes alentadas no por el protagonismo ni el ejercicio de poder, todo lo contrario, por el compromiso social, la responsabilidad y la voluntad de dignificar al salvadoreño, y por encima de todo por su amor hacia el ser humano y el respeto a sus derechos elementales.

Por eso Argueta no se equivocó al cerrar su poema Las Mujeres con la afirmación de que: “La belleza de una mujer no está en un lunar facial, la verdadera belleza de una mujer se refleja en su alma. Es el cuidado que ella amorosamente da, la pasión que ella muestra. La belleza de una mujer con el pasar de los años crece!”